Oraciones

Oh María, nuestra Madre Inmaculada,
en el día de tu fiesta vengo a ti, y no vengo solo:
Traigo conmigo a todos aquellos que tu Hijo me ha confiado,
en esta ciudad de Roma y en el mundo entero,
para que tú los bendigas y los salves de los peligros.

Leer más...

Señor Jesucristo,

tú nos has enseñado a ser misericordiosos como el Padre del cielo,

y nos has dicho que quien te ve, lo ve también a Él.

Muéstranos tu rostro y obtendremos la salvación.

Tu mirada llena de amor liberó a Zaqueo y a Mateo de la esclavitud del dinero;

a la adúltera y a la Magdalena del buscar la felicidad solamente en una creatura;

hizo llorar a Pedro luego de la traición,

y aseguró el Paraíso al ladrón arrepentido.

Haz que cada uno de nosotros escuche como propia la palabra que dijiste a la samaritana:

¡Si conocieras el don de Dios!

Tú eres el rostro visible del Padre invisible,

del Dios que manifiesta su omnipotencia sobre todo con el perdón y la misericordia:

haz que, en el mundo, la Iglesia sea el rostro visible de Ti, su Señor, resucitado y glorioso.

Tú has querido que también tus ministros fueran revestidos de debilidad

para que sientan sincera compasión por los que se encuentran en la ignorancia o en el error:

haz que quien se acerque a uno de ellos se sienta esperado, amado y perdonado por Dios.

Manda tu Espíritu y conságranos a todos con su unción

para que el Jubileo de la Misericordia sea un año de gracia del Señor

y tu Iglesia pueda, con renovado entusiasmo, llevar la Buena Nueva a los pobres

proclamar la libertad a los prisioneros y oprimidos

y restituir la vista a los ciegos.

Te lo pedimos por intercesión de María, Madre de la Misericordia,

a ti que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos.

Amén.
Virgen María,

en este día de fiesta por tu Inmaculada Concepción

vengo a presentarte el homenaje de fe y de amor del pueblo santo de Dios que vive en esta ciudad y diócesis.

Vengo en nombre de las familias, con sus alegrías y fatigas;

de los niños y de los jóvenes, abiertos a la vida;

de los ancianos, llenos de años y de experiencia;

de modo especial vengo ante ti de parte de los enfermos, de los encarcelados, de quienes sienten más difícil el camino.

Como Pastor vengo también en nombre de cuantos han llegado desde tierras lejanas en búsqueda de paz y de trabajo.

Bajo tu manto hay lugar para todos, porque tú eres la Madre de la Misericordia.

Tu corazón está lleno de ternura hacia todos tus hijos:

la ternura de Dios, que en ti se ha encarnado y se ha hecho nuestro hermano, Jesús, Salvador de todo hombre y de toda mujer.

Mirándote, Madre nuestra Inmaculada, reconocemos la victoria de la divina Misericordia sobre el pecado y sobre todas sus consecuencias;

y se enciende de nuevo en nosotros la esperanza de una vida mejor, libre de la esclavitud, rencores y miedos.

Hoy, aquí, en el corazón de Roma, sentimos tu voz de madre

que llama a todos a ponerse en camino hacia esa Puerta, que representa a Cristo.

Tú dices a todos: «Venid, acercaos confiados; entrad y recibiréis el don de la Misericordia;

no tened miedo, no sintáis vergüenza: el Padre os espera con los brazos abiertos para daros su perdón y acogeros en su casa.

Venid todos a la fuente de la paz y de la alegría».

Te agradecemos, Madre Inmaculada, porque en este camino de reconciliación tú no nos dejas caminar solos, sino que nos acompañas, estás cerca de nosotros y nos sostienes en toda dificultad.

Que tú seas bendita, ahora y siempre, Madre. Amén.
¡Oh Dios de amor, compasión y salvación!

¡Míranos, gente de diferentes creencias y tradiciones,

reunidos hoy en este lugar,

escenario de violencia y dolor increíbles.

Te pedimos que por tu bondad

concedas la luz y la paz eternas

a todos los que murieron aquí—

a los que heroicamente acudieron los primeros,

nuestros bomberos, policías,

servicios de emergencia y las autoridades del puerto,

y a todos los hombres y mujeres inocentes

que fueron víctimas de esta tragedia

simplemente porque vinieron aquí para cumplir con su deber

el 11 de septiembre de 2001.

Te pedimos que tengas compasión

y alivies las penas de aquellos que,

por estar presentes aquí ese día,

hoy están heridos o enfermos.

Alivia también el dolor de las familias que todavía sufren

y de todos los que han perdido a sus seres queridos en esta tragedia.

Dales fortaleza para seguir viviendo con valentía y esperanza.

También tenemos presentes

a cuantos murieron, resultaron heridos o sufrieron pérdidas

ese mismo día en el Pentágono y en Shanskville, Pennsylvania.

Nuestros corazones se unen a los suyos,

mientras nuestras oraciones abrazan su dolor y sufrimiento.

Dios de la paz, concede tu paz a nuestro violento mundo:

paz en los corazones de todos los hombres y mujeres

y paz entre las naciones de la tierra.

Lleva por tu senda del amor

a aquellos cuyas mentes y corazones

están nublados por el odio.

Dios de comprensión,

abrumados por la magnitud de esta tragedia,

buscamos tu luz y tu guía

cuando nos enfrentamos con hechos tan terribles como éste.

Haz que aquellos cuyas vidas fueron salvadas

vivan de manera que las vidas perdidas aquí

no lo hayan sido en vano.

Confórtanos y consuélanos,

fortalécenos en la esperanza,

y danos la sabiduría y el coraje

para trabajar incansablemente por un mundo

en el que la verdadera paz y el amor

reinen entre las naciones y en los corazones de todos.
Señor,
Tú has querido que en el mes de abril
despierten los campos y brote la vida.
Las plantas y flores que estaban dormidas,
las llenas de vida que empieza a latir.

Señor,
Tú has querido que en el mes de abril alumbre
a los hombres tu luz y alegría.
Jesús resucita en la Pascua florida y
el hombre ese día comienza a vivir Abril de primavera...
¡Mil gracias por la vida, Jesús, luz verdadera!
¡Mil gracias por morir!
Gracias, Padre querido y
¡bendito sea el día de Pascua en que tu Hijo nos hizo sonreír!

Amén

atocha

Estamos en Cuaresma, Señor. Y como soy cristiano, quiero prepararme para la fiesta, la mayor fiesta del año, la Pascua. Semana a semana voy a esforzarme en hacer las cosas bien hechas, como a ti te gustan. A veces se me olvidan los buenos propósitos, pero Tú me entiendes. Siempre que es Cuaresma, empieza a florecer la naturaleza. ¡Seguro que quieres tu fiesta bien florida! Cuando veo brotar las flores en primavera y siento que renace la vida, pienso, Señor, que tienes alma de artista y corazón de Padre. Quiero abrir las puertas de la Cuaresma como una primavera que quiere renacer. Padre, amigo, ecólogo, artista, jardinero, maestro y cuidador eterno. ¡Gracias!Amén

Leer más...

Gracias te doy, Señor Dios Padre todopoderoso, por todos los beneficios y señaladamente porque porque has querido admitirme a la participación del sacratísimo Cuerpo y Sangre de tu Unigénito Hijo. Suplícote, Padre clementísimo, que esta sagrada Comunión no sea para mi alma lazo ni ocasión de castigo, sino intercesión saludable para el perdón; sea armadura de mi fe, escudo de mi buena voluntad ,muerte de todos mis vivios, exterminio de todos mis carnales apetitos y aumento de caridad, paciencia y verdadera humildad y de todas las virtudes; sea perfecto sosiego de mi cuerpo y de mi espíritu, firme defensa contra todos mis enemigos visibles e invisibles, perpetua unión contigo sólo, mi verdadero Dios y Señor, y sello feliz de mi dichosa muerte. Y te ruego que tengas por bien llevarme a mí pecador, a aquel convite inefable, donde Tú con tu Hijo y el Espíritu Santo, eres para tus santos luz verdadera, satisfacción cumplida y gozo perdurable, dicha completa, y felicidad perfecta. Por el mismo Cristo nuestro Señor.

Leer más...

Señor, Dios de paz, escucha nuestra súplica.

Hemos intentado muchas veces y durante muchos años resolver nuestros conflictos con nuestras fuerzas, y también con nuestras armas; tantos momentos de hostilidad y de oscuridad; tanta sangre derramada; tantas vidas destrozadas; tantas esperanzas abatidas... Pero nuestros esfuerzos han sido en vano. Ahora, Señor, ayúdanos tú. Danos tú la paz, enséñanos tú la paz, guíanos tú hacia la paz. Abre

Leer más...