Meditaciones diarias

El cristiano, consciente de que «Dios no decepciona», debe tener siempre «horizontes abiertos» a la esperanza. También ante las adversidades no debe permanecer «aparcado» o «vago», sin las «ganas de seguir adelante». Contiene una decidida invitación «al valor» la meditación del Papa Francisco en la misa celebrada en Santa Marta el martes 17 de enero. La inspiración nació en la primera lectura de la liturgia del día, en la cual el autor de la Carta a los Hebreos (6, 10-20) exhorta a «ser valientes». Tanto es así, dijo el Pontífice, que «si nosotros quisiéramos escribir un título para este pasaje deberíamos decir: “sed valientes”».

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«Para seguir a Jesús es necesario saber arriesgar», sin miedo de «parecer ridículos» y sin ser «demasiado educados»; y en esto «las mujeres son más buenas que los hombres». La invitación «a no quedarse sentados en la vida, parados mirando», ha sido relanzada por el Papa en la misa celebrada el 13 de enero, en la capilla de la Casa Santa Marta.

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¿Por qué Jesús enseñaba con una autoridad que «asombraba» y conquistaba, y en cambio los escribas y doctores de la ley sólo podían imponer leyes pero «no entraban en el corazón del pueblo»? La meditación del Papa Francisco durante la misa celebrada en Santa Marta el martes 10 de enero fue enteramente dirigida a relevar las diferencias entre la autoridad real de uno y la «autoridad formal» de los demás. Una comparación elocuente, que lleva a reflexionar sobre el riesgo de que todos los que están llamados a «enseñar la verdad» puedan caer en la tentación del «clericalismo» en lugar de seguir la senda de la «cercanía a la gente».

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«Conocer y reconocer a Jesús, adorarle, seguirle»: sólo así el Señor estará verdaderamente «en el centro de nuestra vida». Y para hacer esto existen algunos pequeños gestos al alcance de todos: tener siempre consigo una edición de bolsillo del Evangelio para poderlo leer fácilmente cada día, junto a la oración de breves oraciones de adoración como el Gloria, pero estando bien atentos a no repetir las palabras «como papagallos». Estas son las coordinadas de la «sencillez de la vida cristiana» —efectivamente no se necesita recurrir a «cosas extrañas o difíciles»— que el Pontífice volvió a proponer en la misa celebrada el lunes por la mañana, 9 de enero, en la capilla de la Casa Santa Marta.

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Para encontrar al Señor «que viene y vendrá», es necesario tener «corazones grandes pero actitud de pequeños», yendo hacia adelante con «la alegría de los humildes» que son conscientes de estar continuamente bajo la mirada del Señor. Es este el estilo de vida que se pide a cada cristiano. Lo dijo el Papa Francisco en la homilía, en la cual propuso una reflexión sobre el tema de la «humildad».

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El clericalismo en la Iglesia es un mal de raíces antiguas y que tiene siempre como víctima «al pueblo pobre y humilde»: no por casualidad también hoy el Señor repite a los «intelectuales de la religión» que pecadores y prostitutas les precederán en el reino de los cielos. Es un verdadero examen de conciencia el propuesto por el Papa Francisco en la misa celebrada el martes, 13 de diciembre, por la mañana, en la capilla de la Casa Santa Marta. Recordando el pasaje evangélico de Mateo (21, 28—32) presentado en la liturgia, el Pontífice ha subrayado que «Jesús se dirige a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos del pueblo y eso quiere decir a los que tenían la autoridad, la autoridad jurídica, la autoridad moral, la autoridad religiosa: todo». Él «habla claro» a los «que decidían todo: pensemos en Anás y Caifás, que han juzgado a Jesús, o a esa palabra de Caifás: es más ventajoso para nosotros que muera un hombre por el pueblo y que no se estropee la nación entera». En resumen, afirmó el Papa, «ellos decidían todo, también tomaron la decisión de matar a Lázaro, porque era un testimonio que no era conveniente para sus intereses». Eran «hombres de poder» y «a ellos se dirigió Judas, para negociar: “¿Cuánto me dais si os lo traigo?”». Exactamente «así fue vendido Jesús». Y ellos «eran los sacerdotes, los jefes».

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El Papa Francisco entregó simbólicamente a los seminaristas de Roma los iconos de san Policarpo, san Francisco Javier y san Pablo mientras está a punto de ser decapitado, recomendándoles que vivan el sacerdocio como auténticos mediadores entre Dios y el pueblo, alegres incluso en la cruz, y no como funcionarios intermediarios, rígidos y mundanos, pendientes sólo de los propios intereses y por eso insatisfechos. Es este el perfil auténtico del sacerdote trazado por el Pontífice en la misa celebrada el viernes 9 de diciembre, por la mañana, en la capilla de la Casa Santa Marta.

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El «alegre anuncio de Navidad» es que «viene el Señor con su poder», pero sobre todo que ese poder «son sus caricias», su «ternura». Una ternura que, como el buen pastor con sus ovejas, es para cada uno de nosotros: Dios no olvida jamás a ninguno de nosotros, ni siquiera si nos hubiéramos trágicamente «perdido» como sucede a Judas quien, perdido en su «oscuridad interior», es en un cierto modo el prototipo, el «icono» de la oveja de la parábola evangélica.

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Con su intuición Magdalena entendió que Jesús quería “re-crearla”, no cubrir simplemente sus pecados con una operación de maquillaje: y precisamente ella, que ha tenido el valor de dar «nombre y apellido» a los propios pecados, fue señalada por Papa Francisco –en la homilía de la misa celebrada el lunes 5 de diciembre en la capilla de la Casa Santa Marta– como ejemplo para dejarse renovar verdaderamente por el Señor en lo más profundo.

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Al mundo «no le gusta pensar» en las últimas realidades, pero también estas forman parte de la existencia humana. Y si se vive «en la fidelidad al Señor», después de la muerte corporal «no tendremos miedo» de presentarnos frente a Jesús para su juicio. Siguiendo el camino de la «última semana del año litúrgico», el Papa Francisco dedicó la homilía de la misa celebrada en Santa Marta el martes 22 de noviembre, a una reflexión sobre el final: «sobre el final del mundo, sobre el final de la historia; sobre el final de cada uno de nosotros, porque cada uno de nosotros tendrá su final».

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Es el encuentro con un Señor “fuerte”, que reprende ásperamente —aunque siempre por amor— el propuesto por el papa Francisco en la homilía de la misa celebrada en Santa Marta el martes 15 de noviembre. Es la imagen, sugerida por la liturgia, de Jesús “que está delante de nosotros”, y lo hace “para reprendernos, porque nos ama, o para invitarnos o para hacerse invitar”.

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