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No recuerdo documento papal máscontrovertido y que siga suscitando más polémica que la Amoris Laetitia. Otros documentos, a las pocas semanas, casi que estaban enterrados en su propio cementerio de elefantes. Este, casi seis meses después de su publicación, sigue vivo, suscita polémica, es interpretado a lo largo de todo el abanico de la vida eclesial arrimando cada cual el ascua a su propia sardina alimentada de personales filias, fobias, visiones, interpretaciones circunstancias personales varias.

Visto que lo mismo sirve para un roto que para un descosido, uno se pregunta si no sería bueno disponer, unos meses más tarde, y visto lo visto, de algunas directrices de interpretación quizá desde Doctrina de la Fe, quizá desde ese nuevo dicasterio para los laicos, la familia y la vida.

La impresión que todos tenemos, y que teníamos desde aquel primer sínodo o primera parte del sínodo sobre la familia, es que la cosa iba a terminar en un sí pero no, vale pero depende, ustedes sabrán, y nada cambia pero todo es mudable, y lo de siempre es lo de siempre, pero lo de ahora como si lo fuera, y todo sigue igual en teoría pero la praxis es tan amplia que en ella todo cabe so capa de misericordia entendida según y cómo.

A Juan Pablo II se le entendía todo. Por ejemplo, que si una pareja en situacióni rregular no puede contemplar la separación y desea acercarse a los sacramentos, deben convivir como hermano y hermana. Se podrá estar de acuerso o no, pero claro, sin duda ninguna.

No es la Amoris Laetitia. Es la Iglesia universal donde los laicos tienen la sensación de que no hay más doctrina, más pastoral, más moral que la del cura párroco de turno que a uno le toque. Y no pasa nada. NUNCA PASA NADA. Los curas… Callamos.

Hablen sobre matrimonio, familia, derecho a la vida con sacerdotes y laicos. Encontrarán de todo con la profundísima reflexión de que a Dios no le importa, a ver qué haría Jesucristo y lo importante es estar con los pobres. A partir de ahí, como yo no sé lo que a Dios le importa, carezco de datos para conocer lo que haría Jesucristo y lo de los pobres vaya usted a saber, pues nada, que eso, que todo sirve.

Y no se le ocurra preguntar por ejemplo a un obispo. Ya me sé la respuesta: hombre, las cosas no han cambiado, pero claro, liego llega cada caso, y hay que saber comprender, y la Iglesia es casa de misericordia, y no hay que condenar… Vamos, quehaz lo que te parezca mientras no te pases y salgas en la prensa, que entonces me obligas a decir algo.

Así estamos hoy en la Iglesia. Los de fuera, los laicistas, los colectivos más anti eclesiales, a por nosotros. Y nosotros, en lugar de tener una doctrina fuerte, una praxis pastoral contundente, y una norma moral que no dé lugar a dudas, nos dedicamos a sonreír, aguar, justificar y todo vale. Tontos estamos.