En la exhortación "Amoris lætitia" la cuestión más controvertida es la relativa a la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar; la cual, sin embargo, no es nunca mencionada expresamente.

Hay que señalar que el lenguaje, sobre todo en el capítulo octavo, es a veces muy indeterminado por lo que se puede prestar a interpretaciones no sólo diferentes, sino incluso opuestas entre ellas.

 

Pues bien, precisamente en mérito a este capítulo deseo presentar algunas reflexiones generales y, después, considerar las expresiones más discutidas.

Criterios generales de lectura

1. El primer criterio de lectura es el del horizonte en el que hay que leer la exhortación, so pena de deformarla.

Este horizonte lo proporcionó Juan Pablo II en la encíclica "Veritatis splendor", en particular en la nota 100:

"El desarrollo de la doctrina moral de la Iglesia es semejante al de la doctrina de la fe. También se aplican a la doctrina moral las palabras pronunciadas por Juan XXIII con ocasión de la inauguración del Concilio Vaticano II (11 octubre 1962): 'Esta doctrina (la doctrina cristiana en su integridad) es, sin duda, verdadera e inmutable, y el fiel debe prestarle obediencia, pero hay que investigarla y exponerla según las exigencias de nuestro tiempo. Una cosa, en efecto, es el depósito de la fe o las verdades que contiene nuestra venerable doctrina, y otra distinta es el modo como se enuncian estas verdades, conservando, sin embargo, el mismo sentido y significado'".

Aquí, por lo tanto, encontramos el principio hermenéutico o de interpretación: los documentos del magisterio, también en lo que respecta a temas morales, hay que interpretarlos según la hermenéutica de la continuidad y de la profundización. Y no según la hermenéutica de la discontinuidad, de la ruptura o del cambio respecto al magisterio de siempre.

El progreso de la doctrina moral de la Iglesia tiene lugar bajo la acción del Espíritu Santo que, gradualmente, lleva al conocimiento de la verdad por entero, sin contradecir o renegar nunca el magisterio anterior.

Se trata, por consiguiente, de un progreso homogéneo y no dialéctico.

2. Una vez hecha esta premisa fundamental, es necesario leer la "Amoris lætitia" a la luz del magisterio precedente porque es continuación y profundización del mismo, como por otra parte se afirma en la propia exhortación. Por ejemplo, cuando dice en el n. 79:

"Por lo tanto, al mismo tiempo que la doctrina se expresa con claridad, hay que evitar los juicios que no toman en cuenta la complejidad de las diversas situaciones, y hay que estar atentos al modo en que las personas viven y sufren a causa de su condición".

El capítulo octavo en especial es el que ha sido leído de las maneras más disparatadas y contradictorias, por lo que es necesario decir que la interpretación exacta es la dada "in meliorem partem", si nos podemos expresar así; es decir, en la línea de la continuidad.

Es más, sólo si se lee así el texto se entiende sin ambigüedades y sin contradicciones.

3. Por lo que, mientras la lectura "in meliorem partem" no choca con objeciones que le cierran el paso, la lectura "in peiorem partem", es decir, según la hermenéutica de la ruptura, no lleva a ninguna parte; más bien al contrario, choca contra una miríada de afirmaciones del magisterio y se revela estéril y equivocada.

La correcta interpretación de algunas afirmaciones de la "amoris lætitia"

1. El n. 302 de la exhortación recuerda una gran variedad de motivos que hay que tener presentes cuando se valora cada caso de manera individual:

"Con respecto a estos condicionamientos, el Catecismo de la Iglesia Católica se expresa de una manera contundente: "La imputabilidad y la responsabilidad de una acción pueden quedar disminuidas e incluso suprimidas a causa de la ignorancia, la inadvertencia, la violencia, el temor, los hábitos, los afectos desordenados y otros factores psíquicos o sociales" (n. 1735). En otro párrafo se refiere nuevamente a circunstancias que atenúan la responsabilidad moral, y menciona, con gran amplitud, "la inmadurez afectiva, la fuerza de los hábitos contraídos, el estado de angustia u otros factores psíquicos o sociales"(n. 2352). Por esta razón, un juicio negativo sobre una situación objetiva no implica un juicio sobre la imputabilidad o la culpabilidad de la persona involucrada (Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, Declaración sobre la admisibilidad a la comunión de los divorciados que se han vuelto a casar, 24 de junio de 2000, 2)".

Pues bien, todos ellos son motivos por los cuales un tribunal eclesiástico puede emitir -de hecho ya se hace- una sentencia de nulidad del matrimonio contraído.

Para evitar que dentro de las comunidades cristianas se diga que a un divorciado que se ha vuelto a casar se le ha dado la absolución y a otro no, lo mejor es proceder de manera ordenada, es decir, solicitar una sentencia de nulidad del matrimonio y, con el tiempo, sanar desde la raíz la unión contraída civilmente.

Éste es el primer camino sugerido por el Papa Francisco con la reforma del procedimiento de las causas matrimoniales; sobre todo porque ha sido él en persona quien ha pedido que la sentencia se dicte al cabo de un año, sin lentitud. Este es el método más ordenado y seguro.

Al contrario, dejar todo a la valoración, no siempre iluminada, del párroco o del confesor puede crear inseguridad y causar confusión y malhumor en la comunidad. Se podría fácilmente argumentar: ¿por qué a uno sí y al otro no?

2. En el n. 299 se lee:

"Los bautizados que se han divorciado y se han vuelto a casar civilmente deben ser más integrados en la comunidad cristiana en las diversas formas posibles, evitando cualquier ocasión de escándalo".

Esto también hay que tenerlo presente. Si un sacerdote da la absolución a un divorciado que se ha vuelto a casar o a una persona conviviente, es necesario recordar que se puede acceder a la santa comunión sólo donde no se es conocido como divorciado que se ha vuelto a casar o conviviente. En caso contrario, se crea escándalo entre los fieles.

En la declaración del pontificio consejo para los textos legislativos del 7 de julio de 2000, sobre la admisión a la santa comunión de los divorciados que se han vuelto a casar, se lee:

"No se encuentran en situación de pecado grave habitual los fieles divorciados que se han vuelto a casar que, no pudiendo por serias razones -como, por ejemplo, la educación de los hijos- 'satisfacer la obligación de la separación, asumen el empeño de vivir en perfecta continencia, es decir, de abstenerse de los actos propios de los cónyuges' (Familiaris consortio, n. 84), y que sobre la base de ese propósito han recibido el sacramento de la Penitencia. Debido a que el hecho de que tales fieles no viven 'more uxorio' es de por sí oculto, mientras que su condición de divorciados que se han vuelto a casar es de por sí manifiesta, sólo podrán acceder a la Comunión eucarística 'remoto scandalo'".

"Remoto scandalo" significa que la comunión se puede hacer privadamente o allí donde no se es conocido como divorciados que se han vuelto a casar o convivientes, evitando así causar juicios, confusión, desconcierto o escándalo entre los fieles.

3. En esta óptica hay que entender lo que se lee en el punto n. 305:

"A causa de los condicionamientos o factores atenuantes, es posible que, en medio de una situación objetiva de pecado —que no sea subjetivamente culpable o que no lo sea de modo pleno— se pueda vivir en gracia de Dios, se pueda amar, y también se pueda crecer en la vida de la gracia y la caridad, recibiendo para ello la ayuda de la Iglesia. El discernimiento debe ayudar a encontrar los posibles caminos de respuesta a Dios y de crecimiento en medio de los límites".

Aquí la exhortación, implícitamente, confirma que para hacer la comunión es necesario estar en gracia de Dios.

Ésta no es una norma humana, sino divina, como recuerda la Sagrada Escritura: "Por tanto, quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo. Por eso hay entre vosotros muchos enfermos y muchos débiles, y mueren no pocos" (1 Cor 11, 27-30).

4. Tenemos también lo que está escrito en la nota 351 a propósito de la "ayuda de la Iglesia" a quien vive en gracia aunque "en una situación objetiva de pecado":

"En ciertos casos, podría ser también la ayuda de los sacramentos. Por eso, "a los sacerdotes les recuerdo que el confesionario no debe ser una sala de torturas sino el lugar de la misericordia del Señor" (Evangelii gaudium, 44). Igualmente destaco que la Eucaristía "no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles" (EG 47)".

Aquí el Papa no dice a secas que hay que dar la santa comunión a los divorciados que se han vuelto a casar.

Prevé que los que están arrepentidos y viven en gracia, es decir, sin relaciones adúlteras o de fornicación, puedan recibir la absolución y puedan participar en la eucaristía, accediendo también a la santa comunión, siempre 'remoto scandalo'.

5. También cuando el Papa dice que la eucaristía "no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles" está afirmando una cosa profundamente verdadera. Precisamente porque todos somos débiles, aunque vivamos en gracia de Dios, necesitamos fortalecernos con este Pan que nos sostiene en el camino hacia el Cielo.

Pero sigue siendo verdad que quien está espiritualmente muerto, porque está en pecado mortal, antes de nutrire de manera sanadora con este alimento, tiene que resucitar y encontrar de nuevo la vida sobrenatural a través de la confesión, definida por los Santos Padres de la Iglesia como un segundo bautismo.

Por consiguiente, el sacramento propio de quien está espiritualmente muerto es la confesión. En caso contrario sucede lo que ha dicho la Sagrada Escritura: "Por tanto, quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor" (1 Cor 11, 27).

Es por esto por lo que Juan Pablo II escribió en el n. 36 de la encíclica "Ecclesia de Eucharistia":

"El mismo Apóstol llama la atención sobre este deber con la advertencia: 'Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa' (1 Co 11, 28). San Juan Crisóstomo, con la fuerza de su elocuencia, exhortaba a los fieles: 'También yo alzo la voz, suplico, ruego y exhorto encarecidamente a no sentarse a esta sagrada Mesa con una conciencia manchada y corrompida. Hacer esto, en efecto, nunca jamás podrá llamarse comunión, por más que toquemos mil veces el cuerpo del Señor, sino condena, tormento y mayor castigo'. Precisamente en este sentido, el Catechismo de la Iglesia Católica establece: 'Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar'. Deseo, por tanto, reiterar que está vigente, y lo estará siempre en la Iglesia, la norma con la cual el Concilio de Trento ha concretado la severa exhortación del apóstol Pablo, al afirmar que, para recibir dignamente la Eucaristía, 'debe preceder la confesión de los pecados, cuando uno es consciente de pecado mortal'".

6. En el n. 298 el Papa reconoce que hay "divorciados en nueva unión consolidada en el tiempo, con nuevos hijos, con probada fidelidad, entrega generosa, compromiso cristiano, conocimiento de la irregularidad de su situación y gran dificultad para volver atrás sin sentir en conciencia que se cae en nuevas culpas" que "por motivos serios, —como, por ejemplo, la educación de los hijos— no pueden cumplir la obligación de la separación".

Y en la nota 329 añade: "En estas situaciones, muchos, conociendo y aceptando la posibilidad de convivir "como hermanos" que la Iglesia les ofrece, destacan que si faltan algunas expresiones de intimidad "puede poner en peligro no raras veces el bien de la fidelidad y el bien de la prole" (Gaudium et spes, 51)".

En lo que respecta a esta nota, que ha atraído la atención de muchos, hay que decir:

- primero: el Papa recuerda la enseñanza de la "Familiaris consortio" que pide no vivir "more uxorio", sino vivir en castidad, como amigos y hermanos;

- segundo: el Papa, aunque hace referencia al Concilio Vaticano II que habla de intimidad conyugal, aquí habla sólo de intimidad. Efectivamente, está claro que de todas formas ésta no sería conyugal, porque los dos no son marido y mujer.

- tercero: el Papa quiere decir que aunque hayan aceptado "vivir como hermanos", si sucediera que a veces fueran más allá, hay que tener paciencia y exhortarlos a hacer lo que dijo Pablo VI en el n. 25 de la 'Humanae vitae': "Y si el pecado les sorprendiese todavía, no se desanimen, sino que recurran con humilde perseverancia a la misericordia de Dios, que se concede en el sacramento de la penitencia".

Esto significa entender "in meliorem partem". Dar otra interpretación significa que el sexto mandamiento, que prohibe las relaciones sexuales entre personas que no están casadas, tiene excepciones.

Dice, de hecho, la "Veritatis splendor", n. 52: "Los preceptos negativos de la ley natural son universalmente válidos: obligan a todos y cada uno, siempre y en toda circunstancia. En efecto, se trata de prohibiciones que vedan una determinada acción "semper et pro semper", sin excepciones, porque la elección de ese comportamiento en ningún caso es compatible con la bondad de la voluntad de la persona que actúa, con su vocación a la vida con Dios y a la comunión con el prójimo. Está prohibido a cada uno y siempre infringir preceptos que vinculan a todos y cueste lo que cueste, y dañar en otros y, ante todo, en sí mismos, la dignidad personal y común a todos".

7. En el 301 de la "Amoris lætitia" se lee:

"La Iglesia posee una sólida reflexión acerca de los condicionamientos y circunstancias atenuantes. Por eso, ya no es posible decir que todos los que se encuentran en alguna situación así llamada "irregular" viven en una situación de pecado mortal, privados de la gracia santificante".

A decir verdad, ni en el magisterio ni en los manuales de teología se ha dicho nunca esto de que "ya no es posible decir".

Bastaría recordar la declaración del 26 de abril de 1971 de la congregación para el clero en referencia al conocido como "caso Washington": "Las circunstancias particulares que acompañan un acto humano objetivamente malo, aunque no pueden transformarlo en un acto objetivamente virtuoso, pueden hacer que sea inculpable o menos culpable o subjetivamente justificable".

El Papa se refiere, por lo tanto, a algo que puede haber sido dicho por el sacerdote Tal o Cual. Aquí vemos el carácter de exhortación del documento y el modo coloquial de expresarse del Papa Francisco. La frase, aislada, no corresponde a la realidad, porque eso no fue nunca dicho.

8. Del mismo modo, en el n. 304 se lee:

"Es mezquino detenerse sólo a considerar si el obrar de una persona responde o no a una ley o norma general, porque eso no basta para discernir y asegurar una plena fidelidad a Dios en la existencia concreta de un ser humano".

Leída superficialmente, esta afirmación parece una crítica a la moral enseñada hasta ahora.

Pero ni siquiera esto corresponde a la verdad, porque siempre se ha enseñado que los criterios para discernir la moralidad de un acto son tres: fin (finis operis), intención (finis operantis) y circunstancias.

También en este caso el Papa se refiere, por lo tanto, al modo de obrar de alguien que sin mirar al sujeto y a las circunstancias puede haber juzgado sólo en base a la ley moral. Entonces sí, esto es mezquino, incluso equivocado.

9. Volviendo de nuevo al n. 301, leemos que el Papa escribe:

"Ya santo Tomás de Aquino reconocía que alguien puede tener la gracia y la caridad, pero no poder ejercitar bien alguna de las virtudes (Summa Teologice I)-II, 65, 3, ad 2), de manera que aunque posea todas las virtudes morales infusas, no manifiesta con claridad la existencia de alguna de ellas, porque el obrar exterior de esa virtud está dificultado: "Se dice que algunos santos no tienen algunas virtudes, en cuanto experimentan dificultad en sus actos, aunque tengan los hábitos de todas las virtudes"(ibid., ad 3)".

En realidad santo Tomás, después de haber dicho que junto a la gracia son infusas también las virtudes morales, escribe: "A veces sucede, por una dificultad nacida en el exterior, que quien posee un hábito encuentra dificultad en obrar y, por lo tanto, no siente gozo o complacencia en el acto: es el caso de quien teniendo el hábito de la ciencia, por somnolencia o a causa de una enfermedad, tiene dificultad para entender. Del mismo modo, a veces tienen dificultades en obrar los hábitos de las virtudes morales infusas a causa de las disposiciones contrarias dejadas por los actos precedentes. Dicha dificultad no sucede igualmente con las virtudes morales adquiridas, porque mediante el ejercicio de los actos con el cual fueron adquiridas se eliminaron las disposiciones contrarias" (ibid., ad 2).

Y en el ad 3: "Se dice que algunos santos no tienen algunas virtudes, en cuanto experimentan dificultad en sus actos, por el motivo indicado más arriba; aunque tengan los hábitos de todas las virtudes".

Pues bien, aquí santo Tomás quiere decir que algunos ejercen de mala manera una determinada virtud o no la ejercen en absoluto (por ejemplo, la devoción o el recogimiento en la oración) a causa de las disposiciones dejadas por los actos precedentes (por ejemplo, estar afligidos o contrariados por una mala noticia o una fuerte discusión. Entonces, como surge por la experiencia, se reza mal, con poco recogimiento y distraídamente).

Pero una cosa es ejercer mal una virtud o no ejercerla en absoluto, por lo que se tiene poco mérito o no se merece nada. Y otra cosa es, en cambio, cometer un pecado grave contrario a esa virtud. Con el pecado se desmerece siempre y se ofende al Señor.

Sin embargo, para santo Tomás, si bien un acto individual contrario a una virtud adquirida no hace perder dicha virtud porque el acto contrasta la virtud pero no el hábito (por lo que si uno se emborracha una vez no se puede decir que haya perdido la virtud de la sobriedad), la lujuria es una excepción: "Sed actu luxuriae castitas per se privatur”: Pero con un acto de lujuria la castidad, per se, desaparece (Summa Theologiae in II sent., d. 42, q. 1, a. 2, ad 4).

Por lo cual, interpretando "in meliorem partem" el n. 301 de la exhortación, se puede decir que los divorciados que se han vuelto a casar, aunque vivan como hermanos, al estar juntos con motivo de los hijos no ejercen del modo mejor la castidad.

Pero si con este texto se quisiera decir que viven en gracia aunque tengan relaciones sexuales sería una interpretación totalmente errónea, porque es contraria no sólo a la enseñanza de santo Tomás, sino a la de Dios y de la Iglesia.

Interpretados así, los puntos más apremiantes de la exhortación no crean dificultades. En cambio, pueden surgir muchas dificultades por una lectura distinta de los mismos.

Por último, hay que considerar que esta exhortación está toda ella permeada por un clima de acogida y misericordia. Este es el estilo que se ha querido darle y que hay que tener en cuenta.

 

Angelo Bellon O.P.