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La misa que dijo Francisco en el aeropuerto Enrique Olaya Herrera de Medellín comenzó con un considerable retraso. A causa de la lluvia, el trayecto desde Rionegro, donde había aterrizado el avión papal, hubo de hacerse por carretera, y no en helicóptero, como estaba previsto. Por eso las primeras palabras del Papa antes de comenzar la celebración fueron para agradecer la espera a los cientos de miles de personas congregados en la capital antioqueña. Durante su homilía, al comentar el Evangelio del día y el enfrentamiento de Jesucristo con los escribas y fariseos por el cumplimiento de la ley, el Papa propuso un "estilo de seguimiento que supone ir a lo esencial, renovarse, involucrarse", tres actitudes "que tenemos que vivir en nuestra vida de discípulos".

Ir a lo esencial, continuó Francisco, no es "romper con todo", porque "tampoco Jesús vino a abolir la ley, sino a llevarla a su plenitud". Ira a lo esencial "es ir a lo profundo, al lo que cuenta y tiene valor para la vida". La relación con Dios "no puede ser un apego frío a normas y leyes, ni tampoco a un cumplimiento de ciertos actos externos que no llevan a un cambio real de vida".

El discipulado debe partir de una "viva experiencia de Dios y de su amor": "No es el apego a la explicitación de una doctrina, sino la experiencia de la presencia amigable, viva y operante del Señor, un permanente aprendizaje por medio de la escucha de su palabra, y esa palabra se nos impone en las necesidades concretas de nuestros hermanos".

"Renovarse" es el segundo punto que examinó el Papa: "La Iglesia es zarandeada por el Espíritu para que deje sus comodidades y sus apegos. La renovación no nos debe dar miedo, la Iglesia siempre está en renovación. No se renueva a su antojo o a su capricho, sino que lo hace firme y bien fundada en la fe, sin apartarse de la esperanza transmitida por la Buena Noticia.

La renovación supone sacrificio y valentía, no para considerarse mejores o más pulcros, sino para responder mejor al llamado del Señor". El Señor del sábado, "nos invita a ponderar lo normativo cuando está en juego el seguimiento", aclaró el Papa.

En tercer lugar, "involucrarse... aunque para algunos eso parezca ensuciarse o mancharse". Hoy "se nos pide crecer en arrojo, en un coraje evangélico que brota de saber que son muchos los que tienen hambre de Dios y de dignidad".

En este punto el papa Francisco reflexionó mirando a los presentes, apartándose del texto que leía: "Me pregunto si el hambre de Dios de tanta gente quizá no venga porque con nuestras actitudes se lo hemos despojado". Se trata, retomó el texto, "de ayudarles a que se sacien de Dios, no impedirles el encuentro": "La Iglesia no es una aduana. Tiene las puertas abiertas porque el corazón de su Dios no está solo abierto, sino traspasado por el amor que se hizo dolor".

Francisco añadió: "No podemos ser cristianos que alcen continuamente el estandarte de Prohibido el paso". La Iglesia no es nuestra, es de Dios, todos tienen cabida, todos son invitados a encontrar aquí, y entre nosotros, su alimento. Todos". "Buenos y malos, todos", insistió en referencia a la parábola del señor que salió a buscar a los caminos invitados para su boda. "Nosotros somos simples servidores, no podemos ser quienes impidamos ese encuentro con Jesús", dijo para rematar este punto.

El Papa puso como ejemplo de estas tres actitudes a San Pedro Claver, a quien homenajeará este domingo en Cartagena de Indias. Y evocó el documento de la conferencia del CELAM en Medellín, en 1968 para proponer un modelo de "discípulos misioneros que saben ver sin miopías heredadas, que examinan la realidad desde los ojos y el corazón de Jesús, y desde ahí juzgan, y se arriesgan, y actúan, y se comprometen".

"He venido hasta aquí para confirmarlos en la fe y en la esperanza del Evangelio", concluyó: "Manténganse firmes y libres en Cristo, porque toda firmeza en Cristo nos da libertad... Busquen a Cristo en la oración y déjense buscar por Él en la oración, anúncienlo con la mayor alegría posible".