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Ser padres nos hace responsables no sólo del cuidado de nuestros hijos, sino también de la educación espiritual que les brindamos. Por eso, aquí tenemos 10 sencillas formas de acercar a nuestros hijos a Dios, incluso desde que nos enteramos que vamos a ser padres.

Ora en voz alta durante el embarazo

Durante el embarazo, los bebés escuchan nuestra voz todo el tiempo. Por ello, dedica diariamente un espacio para la oración que esté lleno de tranquilidad, y que permita a tu bebé sentir ese momento como único y especial para ambos. Mientras oras, puedes sobar tu pancita.

Llévalo a Misa

Algunas personas piensan que es muy molesto llevar a los niños a Misa porque lloran, hacen ruido, están inquietos e incomodan a la gente; sin embargo, mi recomendación es que lleves a tu hijo a Misa cada domingo para que participe de lo más importante que tenemos los católicos: la Eucaristía. Si aún es bebé y llora, lo podrás calmar con leche o con un dulce; si es un poco más grande, puedes salir de la iglesia, darle un pequeño paseo hasta que se calme y volver a entrar.

Reza con ellos en las noches

Puede ser junto a su cama o cuna, ponte de rodillas y ora. Dile que repita después de ti o pregúntale: ¿por qué le darías gracias a Dios hoy? ¿Quieres enviarle un mensaje a la Virgen conmigo? Procura que ese momento no sea tan largo, pues comenzará a distraerse con otra cosa.

Familiarízalo con imágenes sagradas

Tener un altar en el hogar debe ser tarea de todo católico, no tiene que ocupar una habitación completa, pero sí un lugar especial, visible y al alcance de toda la familia. Es importante que nuestros pequeños se familiaricen con imágenes de Jesús, de María y de los santos, pues a ellas acudirán para agradecer o para pedir ayuda a Dios ante alguna necesidad.

Déjalo elegir películas y libros que hablen de Dios

Aprovecha el gusto que tienen tus hijos por las películas o los libros. Cómprales aquéllos que cuenten historias de la Biblia, de manera divertida e ilustrada, para que conozcan la vida de Jesús, de María Santísima o de los santos desde que son chiquitines.

Déjalo participar en actividades relacionadas con la iglesia

Si tu hijo muestra algún interés por las actividades de la iglesia, nunca se las prohíbas; déjalo experimentar y mantén una actitud siempre positiva frente a sus logros y hazañas. Hazle saber cuánto le agradan a Dios ese tipo de actividades.

Permítele ver que hay niños que no lo tienen todo

Llevar a nuestros hijos a fundaciones o instituciones que ayuden a los demás es una experiencia hermosa para todos, tanto para los niños a los que visitamos, como para nuestros hijos y para nosotros mismos. Hacerles ver que el mundo no es color de rosa y que no todos los niños gozan de un hogar con papá y mamá, abrirá sus corazones y los hará más solidarios.

Enséñale a apreciar la naturaleza

No es necesario viajar para que tu hijo sea testigo de impresionantes paisajes: una flor basta para que le cuentes a tu hijo que Dios está presente en cada una de sus creaciones, hasta en la más pequeña.

Hazle saber que hay más satisfacción en dar que en recibir

Este acto de generosidad y entrega puede practicarse en cualquier época del año, lo importante es transmitirle a nuestros hijos el amor por el que más lo necesita.

Enséñale a bendecir los alimentos

Enséñale a tus hijos que hay que dar gracias por todo lo que Dios nos permite tener, incluyendo la comida que llega a nuestra mesa. Recuerda que tu ejemplo es la mejor herramienta; conviértete en el modelo a seguir de tus hijos y bendice los alimentos sin importar el lugar en el que te encuentres; pídele a tus pequeños que repitan después de ti y verás cómo con el tiempo ellos lo harán solitos.