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Al morir el pasado 19 de mayo en la capital de Colombia, el famoso investigador y teórico de la comunicación tenía un rosario en uno de sus bolsillos.

Los paramédicos que auxiliaron a Eric McLuhan cuando un tromboembolismo pulmonar lo sorprendió en la habitación del hotel donde se hospedaba, le encontraron un rosario que tenía incrustada una pequeña medalla con la efigie de san Juan Pablo II.

Para las personas que conocieron de primera mano la noticia del deceso del autor de 18 libros muy influyentes en el campo de la comunicación, entre ellos, Electric language: understanding the message, The sensus communis, synesthesia and the soul: an odyssey y The role of thunder in Finnegans wake, el hallazgo del rosario les confirmó que McLuhan había estado orando en su habitación antes de morir.

Su hijo Andrew McLuhan confirmó poco después que Eric tenía la costumbre de rezar con ese rosario la popular oración mariana no una, sino varias veces al día. La camándula, como se llama popularmente en Colombia al rosario, se la obsequiaron durante una visita académica a la Universidad Católica de Toruń, Polonia, y había sido bendecida por su amigo el papa Benedicto XVI quien lo invitó en tres ocasiones al Vaticano para hablar sobre tópicos tan diferentes como fe, ciencia y tecnología.

Su fe era muy profunda pues había crecido en un acentuado ambiente religioso luego de la conversión al catolicismo de su famoso padre, Herbert Marshall McLuhan (1911-1980), conocido en mundo como ‘el profeta de la era digital’. Por sus conceptos sobre la ‘aldea global’, ‘el medio es el mensaje’ y ‘medios fríos versus medios calientes’ ―trascendentales para la comunicación en los años 60 y 70― a este científico se le atribuyó el hecho de haber vaticinado el mundo digital con dos décadas de antelación.

Eric, doctor en literatura inglesa y bachelor en ciencias sociales, fue tan creyente que cuando pasaba por un cementerio hacía la señal de la cruz en la frente, la boca y el pecho. Según Andrew, su papá, además de devoto de la Virgen María y de santa Teresa “a donde iba tenía la costumbre de visitar una iglesia o un santuario para rezar una rápida oración”. Así lo hizo durante varios días en Bogotá, especialmente cuando estuvo en la Universidad de La Sabana donde visitó una capilla mariana y un oratorio en los que rezó algunas oraciones. En entrevista con Aleteia, Andrew afirmó que “fue un gran consuelo saber que mi padre tuvo la oportunidad de expresar su fe en nuestra última visita juntos”.

Sus mensajes finales

El deceso del científico social canadiense de 77 años de edad ―catalogado junto con su padre como otro gran teórico de las comunicaciones― conmovió a diversos sectores colombianos, especialmente de la academia ya que McLuhan fue el invitado de honor al lanzamiento del doctorado de Comunicación de la Universidad de La Sabana.

Según el profesor Fernando Cvitanic, su conferencia magistral denominada Ecología mediática en el siglo XXI, fue “brillante y esclarecedora” porque con su descomplicado estilo se refirió a la influencia de los medios comunicación y el impacto de las redes sociales en todos los segmentos de la vida moderna.

En su exposición subrayó algunos postulados contenidos en los libros escritos con su padre ―Leyes de los medios: la nueva ciencia, Los medios y la causa formal y Teorías de la comunicación― y señaló que “el mundo vive hoy el más increíble renacimiento”. Para corroborarlo dijo que “la evidencia de este renacimiento está en cada esquina de nuestra cultura, las artes y la ciencia”.

Sobre la influencia del mundo digital en la sociedad apuntó que “se vive a la velocidad de la luz, es decir, en todos los tiempos y culturas a la vez y cada cultura en el mundo es multicultural”. Asimismo, destacó la importancia del arte en el mundo actual pues se trata de una expresión “indispensable para la supervivencia humana porque cambió nuestra respuesta sensorial”.

Acerca del papel de los medios de comunicación tradicionales en las nuevas circunstancias digitales, anotó que “tienen un futuro maravilloso como forma de arte y como contenido”, sin embargo, consideró que es necesario estar preparados porque todos los nuevos medios son globales e imponen una nueva cultura.

El jueves 18 de mayo, poco antes de concluir su exposición, sin que nadie sospechara que estaba a pocas horas de su partida, el profesor McLuhan expresó con toda naturalidad: “No hay que tenerle miedo a la muerte... es una realidad que a todos nos llega”.

Luego de una ceremonia en la iglesia de Nuestra Señora de Torcoroma, en Bogotá, sus restos fueron cremados y llevados por su hijo a Picton, en Ontario, Canadá. Su funeral se efectuó el viernes 25 de mayo en el templo de St. Gregory the Great, la parroquia donde Eric fortaleció su fe.