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“Cristo, Buen Pastor, sostiene en sus brazos a los cristianos de Pakistán, los consuela, da su vida por ellos, nutre a su pueblo”: con este mensaje de esperanza, el arzobispo Joseph Arshad se ha dirigido a los fieles presentes hoy, 10 de febrero, en la escuela católica de St. Mary en Islamabad, donde ha tenido lugar la celebración de su toma de posesión en la diócesis de Islamabad-Rawalpindi.

En un primer momento, la celebración iba a tener lugar en la Catedral de St. Joseph, pero se tuvo que trasladar al gran complejo católico de St. Mary debido a la gran afluencia de personas. De hecho, más de 3.000 fieles han llegado desde todo Pakistán, junto a todos los obispos pakistaníes y numerosos sacerdotes y religiosos, para acompañar a Mons. Arshad, quien ha comenzado su ministerio al frente de la diócesis de Islamabad-Rawalpindi.

Comentando el pasaje evangélico del Buen Pastor, el Arzobispo ha subrayado: “Cristo ama a su rebaño, el Buen Pastor ama a sus ovejas, y es por ellas da su vida con compromiso, sacrificio y sinceridad. Se asegura de que su rebaño no se pierdan en el desierto”. “Jesús es el camino, Jesús Buen Pastor es el ejemplo para todos nosotros, ha continuado el arzobispo Arshad.

Sacerdotes, padres, doctores, maestros, funcionarios del gobierno, cada uno de nosotros estamos llamados a cuidar a las personas que nos han sido confiadas. Por lo tanto, todo cristiano debe ser el Buen Pastor. De hecho, a través de nosotros, - ha continuado explicando-, Jesús se convierte en el Buen Pastor, se transforma en nuestra carne. Por lo tanto, todo cristiano tiene la responsabilidad de ser un Buen Pastor”.

“Cristo viene a amar a la humanidad a través de nuestras vidas – ha continuado el Arzobispo -. Nuestra vocación en Pakistán es ser buenos constructores del reino de Dios”. “Como cristianos en Pakistán – ha añadido- debemos mantener nuestra mirada fija en Cristo y aferrarnos a Él ante las dificultades, crisis y problemas. Cristo, el Buen Pastor, nos sostiene en sus brazos, nos consuela y da su vida por nosotros”.

Lo que han recibido los fieles, los sacerdotes, los religiosos presentes, después de esta solemne celebración, ha sido un mensaje de esperanza para una nación como Pakistán en la que los cristianos son una pequeña minoría y se encuentran inmersos en muchos problemas dentro de una sociedad atravesada por la discriminación contra las minorías religiosas.

Esta discriminación también está presente a nivel oficial, en las escuelas, en el lugar de trabajo... Precisamente en estas situaciones, a veces de sufrimiento, esta actitud de esperanza es la clave para la vida de esta comunidad cristiana.