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El purpurado teme que la negativa del Papa a aclarar la cuestión “lleve a la Iglesia a una situación similar a la de las denominaciones protestantes, que no paran de multiplicarse.”

Tras las graves y contundentes declaraciones del Cardenal Eijk, uno de los más antiguos ‘apestados’ de la nueva Curia, el también Cardenal Raymond Leo Burke, uno de los dos firmantes supervivientes de los célebres Dubia, ha coincidido en censurar tanto la iniciativa alemana de intercomunión como la negativa del Santo Padre a definirse sobre esta cuestión crucial, a pesar del ruego de los obispos alemanes ‘rebeldes’.

Burke ha andado ocupado estos días, concediendo entrevistas a Edward Pentin, del National Catholic Register, a Raymond Arroyo, de la cadena EWTN, y al portal de noticias católicas Gloria.tv.

En este último ha calificado de “absurda” la propuesta de permitir la comunión a los cónyuges luteranos de fieles católicos en Alemania. Teme que la negativa del Papa a aclarar la cuestión “lleve a la Iglesia a una situación similar a la de las denominaciones protestantes, que no paran de multiplicarse”. El riesgo último, advierte, es el de que se consume un cisma.

En su entrevista con Pentin, Su Eminencia alabó la reciente iniciativa de un grupo de sacerdotes de todo el mundo de implorar a sus obispos que reafirmen públicamente las verdades católicas objeto de confusión en los últimos tiempos.

La “reintroducción de una enseñanza moral errónea, que ha Iglesia, en distintos momentos del pasado, ha corregido y castigado, está causando una gravísima confusión y división en la Iglesia con gran perjuicio para las almas y entorpeciendo la misión de la Iglesia de ser “luz para las naciones”, dijo.

El “único remedio” para esta crisis es la “reafirmación de la fe apostólica por parte de los sucesores de los apóstoles”, comentó.

Mientras, el Papa ha ampliado el mandato de su delegado especial ante los Caballeros de la Orden de Malta, sellando así la separación de la Orden de su patrón, el Cardenal Burke.

El Vaticano ha hecho pública una carta en la que Francisco pide al Arzobispo Angelo Becciu que continúe su labor como delegado “y exclusivo portavoz” de forma indefinida.