La Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal de Venezuela ha incluido en su programa, de forma pionera, una Asamblea Conjunta de Obispos y Laicos para replantear su labor en este ámbito. El diálogo –afirma su presidente, monseñor Diego Padrón– fracasó por culpa del Gobierno y de la oposición, y por la falta de apoyo «de la ciudadanía y de la sociedad civil.»

En la profunda crisis que atraviesa Venezuela, el país necesita «un laicado bien formado tanto religiosa como profesionalmente, pero más aún, sólidamente organizado». Esta afirmación del presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana y arzobispo de Cumaná, monseñor Diego Padrón, explica la decisión de los obispos de concluir su CVII Asamblea Plenaria con la I Asamblea Conjunta de Obispos y Laicos. El encuentro, que se celebró bajo el lema Iglesia en Comunión, hacia una Venezuela más justa y creyente, ha acabado este lunes y cuenta con la participación de representantes de las distintas diócesis del país.

Esta convocatoria parte del diagnóstico de que –como explicó monseñor Padrón el sábado en el discurso de apertura de la Plenaria– muchos laicos viven su compromiso cristiano más como «devoción piadosa» que como «salida, riesgo y compromiso». «De aquí proviene, entre otras causas, la separación entre fe y vida, fe y compromiso, fe y acción». En el caso de los laicos –añadió– esta acción se ha de dar sobre todo en el ámbito de la familia y en el de la vida pública. Y este es «el más desafiante» y «el más temido por ellos».

Sin embargo, la Iglesia –pidió el presidente de los obispos– necesita «un laicado que, si bien ha de contar con el apoyo moral y la orientación doctrinal de los pastores, actúa en cristiano bajo su propia responsabilidad» en cuestiones como familia, ciencia y tecnología, así como en el «replanteo de la relación entre la fe y la política».

El objetivo de la Asamblea conjunta, según los organizadores, es «construir desde el discernimiento y el diálogo líneas de acción a fin de dar respuestas concretas a las exigencias y desafíos actuales» de forma que los laicos sean fermento del Evangelio en medio de la sociedad. Para ello, es preciso «estar dispuestos a cambiar lo que haya que cambiar en nuestra acción pastoral».

Por qué fracasó el diálogo

El compromiso de los laicos en la vida pública es una cuestión vital para la Iglesia en el país bolivariano, donde al desabastecimiento de productos básicos se le suma una crisis institucional agravada por el intento por ahora fallido de un diálogo entre el Gobierno chavista y la oposición.

«A este intento de diálogo ineficaz le faltó el apoyo decidido y oportuno, de la ciudadanía y, más aún, de la sociedad civil organizada», subrayó monseñor Padrón. Al concluir la Asamblea conjunta este lunes, seguía en el aire si la mesa de negociación mantendrá su reunión prevista para este viernes, después de que la oposición se retirara del proceso en diciembre ante la falta de resultados concretos.

El viernes 6 de enero, la canciller –ministra de Exteriores– de Venezuela, Delcy Rodríguez, se reunió en Roma con monseñor Claudio María Celli, delegado del Vaticano para el diálogo, y apostó por la continuación de las conversaciones. Lo mismo hizo en los días anteriores el opositor Manuel Rosales, ex candidato presidencial y prisionero político puesto en libertad en vísperas de Año Nuevo, en el único gesto del Gobierno de Maduro.

«Si queremos recuperar a Venezuela hay que establecer condiciones y acuerdos mínimos, hacer concesiones, ceder y conquistar espacios en los dos bandos», afirmó a la puerta del juzgado donde tiene que comparecer cada 15 días.

En su discurso, monseñor Padrón reconoció el sábado el fracaso de la mesa de diálogo, y lo atribuyó sobre todo a que «no había entre las partes voluntad sincera de dialogar», empezando «por el respeto mutuo y el reconocimiento del otro». Al contrario, «ambas partes, si bien a título diverso, no asumieron el diálogo en función del país, sino que lo consideraron más bien como una simple estrategia política» con vista a sus propios «fines particulares».

«Para el partido oficial y el Gobierno –añadió el obispo– el diálogo fue más bien un instrumento para ganar tiempo y frenar la presión» y el referéndum revocatorio de Maduro, desestimado por el régimen diez días antes del comienzo de las conversaciones, el 30 de octubre.

En el otro lado, los miembros de la oposición «no quisieron “retratarse” hablando con un gobierno que nunca ha dado garantías reales de cumplir lo que promete. Prefirieron preservar sus candidaturas personales de todo riesgo político-electoral. Pero este comportamiento táctico no los libra de su responsabilidad frente al pueblo».

Críticas a la Iglesia

Por eso, el presidente de los obispos venezolanos insistió en que la culpa del fracaso de las negociaciones no es «de los facilitadores del proceso», entre los que ocupa un lugar destacado la Iglesia a través de monseñor Claudio María Celli, enviado especial del Papa; ni «del diálogo en sí». De hecho, denigrarlo «como procedimiento de solución de conflictos es un error político, histórico, sociológico, filosófico, estratégico», además de «una falta de comprensión de lo que es el ser del hombre».

El papel de la Iglesia como facilitadora del diálogo, en colaboración con Unasur, le ha valido críticas –reconoció monseñor Padrón–, dirigidas especialmente contra la Santa Sede por «haberse dejado engañar por el Gobierno y haber enfriado los ánimos para la protesta en la calle», lo que ha dejado a la oposición dividida entre los que aceptaron este rol de monseñor Celli y los que lo rechazaron.

El obispo ha reconocido que «siempre es posible obrar con mayor oportunidad». Sin embargo, «bordea la irresponsabilidad y hasta la mala fe pasar del juicio de actos a la imputación de intenciones y la condena de personas». Culpar a la Santa Sede o a otros actores de la no realización del referéndum revocatorio «no solo no es cierto, sino que le quita el peso de la responsabilidad histórica al único responsable real: las autoridades del Gobierno».