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Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

Sufrir con Cristo

Por una gracia mística, dice el autor en la página 82 de su libro, pudo expresar (se refiere a la Venerable Marta Robin) su amor al Señor en comunión con su dolor:

“¡Qué delicioso pasar el sufrimiento con humillación y recíprocamente”!

Ya San Pablo, que acabó comprendiendo muy bien cuál era su papel en la predicación de la Buena Noticia, supo que su sufrimiento lo era, tan sólo, para completar las tribulaciones de Cristo quien entregó su vida en defensa de sus hermanos los hombres. Es decir, que aquella forma de pasar por el mundo que podía afectarle física o espiritualmente en mal sentido tenía un fin que era, el mismo, bueno y santo.

La Venerable Marta Robín sabía más que bien que eso era cierto. Y debía difundirlo como aquí mismo hace.

Lo bien cierto es que, a lo mejor no tanto como Marta Robin, todos sufrimos o pasamos por momentos que podemos calificar como malos. Pero quien comprende de Quién viene y hacia dónde va ha de tener muy en cuenta eso: de Quién viene y hacia dónde va porque, de lo contrario, perderá la única perspectiva que le conviene tener: la de la vida eterna.

Al respecto de esto, el sufrimiento de nuestro hermano Jesucristo, que es más que conocido por sus hermanos los hombres que han querido conocerlo, tiene tanto de enseñanza que perdelo de vista es cerrar el corazón a lo bueno y mejor de Quien supo dar su vida por sus amigos demostrando, con eso, que los amaba más que mucho.

Nosotros, sin duda alguna, podemos sufrir solos. Es decir, podemos querer que nadie sufra con nosotros o, mejor, por nosotros. Pero hay una forma que es mejor que la citada para que del sufrimiento se puede obtener fruto espiritual. Y eso, obtener fruto, no es cosa baladí sino algo más que importante para nosotros, hijos de Dios que no debemos perder oportunidad alguna de cumplir la voluntad de nuestro Creador.

La Venerable Marta Robin sabe, al respecto del hecho mismo de sufrir (¡buena experiencia personal la de nuestra hermana!) más que mucho de nosotros. Y, por eso, puede darnos a entender qué es lo que aquí importa.

En primer lugar, debemos saber, tener claro o, en fin, no olvidar nunca, que no debemos sufrir con soberbia.

¿Y cómo se sufre con soberbia?

En realidad, sufrir así es querer echar en cara a Dios lo que nos pasa. Es decir, a sabiendas de que en demasiadas ocasiones somos nosotros mismos los que nos procuramos el sufrimiento, aún tenemos el rostro, la cara dura, de creer que de Dios, del que depende todo, ha sido el causante de tal sufrimiento.

Pues bien, contrario a tal forma de ser y de pensar ha de ser nuestra actitud. Y lo contrario de la soberbia es, sí, la humildad.

Entonces... nosotros debemos saber sufrir con humildad porque sólo así será recibido por el corazón de Dios una tal forma de ser y actuar. Al contrario, con soberbia, no vamos, aquí tampoco y en esto tampoco (sobre todo en esto) a ninguna parte.

Pero hay más.

Bien. Sufrimos con humildad pero aún podemos concebir algo que es mejor: sufrir con Jesucristo.

Recíprocamente ha de querer decir, en esto, que tanto tenemos en cuenta el sufrimiento de Cristo como nuestro hermano e Hijo de Dios tiene en cuenta el mismo. Y no podemos negar que sabiendo que el Mesías nos comprende muy bien lo mejor que podemos hacer es eso: saber que Jesucristo quiere que nos acerquemos a Él para sanarnos. Y sólo así seremos capaces de obtener fruto del sufrimiento. Sólo así y no de una forma egoísta.