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Mt 13, 1-23. “13 Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. 14 En ellos se cumple la profecía de Isaías: = Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar, miraréis, pero no veréis. = 15 = Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y sus ojos han cerrado; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane. = 16 ‘¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! 17 Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron. 18 «Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. 19 Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. 20 El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría; 21 pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumba enseguida. 22 El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto. 23 Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta.’”

COMENTARIO

Sembrar y dar fruto

Cuando Dios siembra en nuestro corazón su Palabra y, así, una forma nueva de ser, lo que trata es de que aceptemos tanto una como otra y vengamos a ser nuevos hijos sometidos a su voluntad que tenemos como santa y buena.

En qué situación nos encontramos, en cuanto tierra donde pueda caer la semilla del Amor de Dios es, en mucha manera, cuenta de cada uno de nosotros. Podremos ser tierra fértil donde se produzca un tanto por cien muy elevado de lo sembrado o, al contrario, tierra seca donde no arraigue ni el Amor de Dios ni lo que significa creer en el Creador.

A nosotros, los discípulos de Cristo, nos es dada la comprensión de las parábolas. Lo dice Jesús. Sin embargo, a veces hacemos como si no nos enterásemos de nada porque no nos conviene lo que nos dice. Somos, así, espacio poco fértil y, en nosotros, la Palabra de Dios y lo que significa la misma, no producirá fruto alguno.

Pues bien, aquellos que eran considerados sus discípulos más “aventajados” (vivían con Él y siempre lo acompañaban) pudiera parecer que conocían todos los secretos de su predicación. Sin embargo, no distaban mucho de los demás en no conocer lo que quería decir el Maestro.

Resulta curioso que ellos le preguntaran a Jesús las razones de enseñar con parábolas como si ellos lo comprendiesen todo. Sin embargo, Jesús sabe perfectamente que también ellos necesitan mayor explicación y, por eso mismo, les explica esta parábola del sembrador que, como es de esperar en el mensaje de Cristo, tiene más significados de los que, a primera vista, pudiera parecer.

Jesús lo explica, ya no en parábola sino enseñando a sus apóstoles, el significado de lo que acababa de decir al resto de la gente. Y lo que dice es un aviso a navegantes que estén muy seguros de su fe.

Así, el corazón del creyente puede ser como uno de los tipos de tierra en las que cae la semilla de la Palabra de Dios, entre ellas: alguna de ellas, algunos corazones, no soportarán mucho la tal semilla y, enseguida, se alejarán del Creador; otros serán capaces de aceptar, en un principio, lo que dice Jesús pero enseguida se perderán para el Reino de Dios al ser atraídos por el mundo. Y así hasta la tierra que, verdaderamente, recibe la semilla de la Palabra de Dios y la semilla santa con fruto y será aceptada con gozo. Y tales corazones son los que Dios quiere para sí.

Así, escuchar la Palabra de Dios y comprenderla es el objeto fundamento fundamental de la vida del creyente en el Todopoderoso.

PRECES

Por todos aquellos que no quieren que la Palabra de Dios arraigue en sus corazones.

Roguemos al Señor.

Por todos aquellos que no son tierra buena donde se pueda sembrar la santa doctrina del Todopoderoso.

Roguemos al Señor.

ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a ser tierra buena, corazón abierto, a tu Palabra.

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.