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“En un mundo muchas veces hostil a los ideales de Cristo, no duden en responder con el testimonio alegre y sereno de sus vidas”. Es la recomendación, paterna pero firme, del Papa a los habitantes de Nomadelfia. Francisco llegó hoy hasta el corazón de la Toscana, donde surge la “nueva ciudad” soñada por don Zeno Saltini en 1931. Cumplió una visita breve pero sugestiva. No sólo bendijo la extrema comunión de bienes de esa aldea católica donde no existe el dinero. Los animó a seguir adelante con esta forma de vida. Rara para el mundo moderno, “buena y bella” para el pontífice.

Poco después de las 8 de la mañana, el helicóptero papal aterrizó en el campo de deportes de la comunidad, extendida a lo largo de 400 hectáreas de verdes praderas, viñedos y amables colinas. Allí abordó el papamóvil y se dirigió inmediatamente al cementerio, donde visitó la tumba de don Zeno. Allí pudo ver cómo decenas de piedras de diversos tamaños abrazan el gran bloque de cemento que cubre los restos del sacerdote. Cada una de estas tiene inscrito el nombre de los hijos espirituales de Nomadelfia.

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Francisco llegando a tierra toscana

Tras rezar unos instantes en el cementerio, Jorge Mario Bergoglio siguió hasta el “Poggetto”, un asentamiento de varias casas donde residen cotidianamente unas cinco familias según el estilo de autogestión solidaria. Pudo saludar a los niños y sus padres. Muchos hijos naturales, muchos otros hijos asignados. En este grupo, no existe diferencia entre unos y otros. Así, un matrimonio mayor puede tener 30, 40 o 50 hijos. Todos son propios, sin discriminación.

“He venido aquí entre ustedes en el recuerdo de don Zeno Saltini y para expresar mi impulso a la comunidad fundada por él. Nomadelfia es una comunidad profética, que se propone realizar una nueva civilización, poniendo en práctica el evangelio como forma de vida buena y bella”, dijo el Papa ante más de 600 personas congregadas en la Sala Don Zeno, un grande y luminoso auditorio.

Hasta ese lugar llegó tras su paso por el grupo familiar “Poggetto”. Primero pudo admirar un breve espectáculo artístico-musical, que además de una representación de la historia de la comunidad incluyó una colorida ejecución del Jarabe Tapatío, la danza tradicional mexicana. Después tomó la palabra para recordar el “ardor apostólico” del fundador para preparar el terreno a la semilla del evangelio, “para que pudiese producir frutos de vida nueva”.

Evocó su infancia en campos de las fértiles planicies de Emilia y su formación rural. Para él, siguió, cuando llegaba temporada adecuada, era el tiempo de poner mano al arado y preparar el terreno para la siembra.

“Le había quedado impresa la frase de Jesús: ‘Ninguno que pone mano al arado y después mira para atrás es adecuado para el reino de los cielos’. La repetía a menudo, quizás presagiando las dificultades que iba a encontrar por encarnar, en la cotidianidad, la fuerza renovadora del evangelio”, sostuvo.

Con esas palabras, apenas se refirió a las dificultades que don Zeno encontró en 1931, cuando adoptó el primer muchacho ex preso e inició su obra. El Papa citó la “ley de la fraternidad”, que traducida en griego se lee “Nomadelfia”. Ella, apuntó, fue el sueño y el objetivo de toda la existencia de don Zeno, que deseaba una comunidad de vida inspirada en el modelo de los hechos de los apóstoles: “La multitud de aquellos que se habían convertido en creyentes tenían un corazón sólo y un alma sola, y ninguno consideraba de su propiedad lo que le pertenecía, sino que entre ellos todo era común”.

“Los exhorto a continuar este estilo de vida, confiando en la fuerza del evangelio y del espíritu santo mediante un limpio testimonio cristiano”, estableció.

Sostuvo que, ante los sufrimientos de los niños huérfanos y más necesitados, Saltino comprendió que el único lenguaje que ellos comprendían era el del amor. Por lo tanto, abundó, supo identificar una peculiar forma de sociedad donde no existe espacio para el aislamiento o la soledad, sino que rige el principio de la colaboración entre las distintas familias, donde los miembros se reconocen como hermanos en la fe.

Además, destacó que las características propias de esta comunidad promueven el establecimiento de vínculos mucho más sólidos de los del propio parentesco. Relaciones “de consanguineidad y de familiaridad”, que se manifiestan en las relaciones recíprocas entre las personas: todos se llaman por el nombre, jamás por el apellido, y en las relaciones cotidianas se usa el tu de confianza.

“Quiero subrayar también otro signo profético y de gran humanidad de Nomadelfia: se trata de la atención amorosa hacia los ancianos que, cuando no gozan de buena salud, permanecen en la familia y son apoyados por los hermanos y hermanas de la comunidad. Sigan por este camino, encarnando el modelo del amor fraterno, también mediante obras y signos visibles, en los múltiples contextos donde la caridad evangélica los llama, pero siempre conservando el espíritu de don Zeno que quería una Nomadelfia ligera y esencial en sus estructuras. Ante un mundo muchas veces hostil a los ideales predicados por Cristo, no duden en responder con el testimonio alegre y sereno de vuestra vida, inspirada en el evangelio”, constató.

Y antes de despedirse, invitando a rezar un Padrenuestro en vos ante, exclamó: “Les agradezco mucho por el calor y el clima de familia con el cual me han acogido. Fue un encuentro breve pero cargado de significado y de emoción; lo llevaré conmigo, especialmente en la oración. Me llevaré sus rostros: los rostros de una gran familia con el sabor vivaz del evangelio”.