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Tras haber dejado todo en la Ciudad de México y optar por una vida retirada del mundo en Nomadelfia, una comunidad católica cuya organización desafía al consumismo, José Juan Valdez, su esposa Mónica y sus tres hijos se alistan a recibir al Papa junto a todos sus vecinos. Este jueves 10 de mayo, Francisco será el segundo pontífice en visitar la obra fundada por don Zeno Saltini, una “ciudad nueva” donde no existen la inseguridad, el dinero, los apellidos, las deudas o las cuentas por pagar.

Ingeniero informático de 45 años y originario de la capital, abandonó un trabajo estable en la Sociedad de Autores y Compositores de México para seguir el sueño de una “nueva civilización”. “Si no la has visto y no la conoces, no la puedes entender tan fácil”, advirtió Valdez sobre la vida en Nomadelfia, una comunidad basada en la autogestión comunitaria establecida sobre 400 hectáreas de verdes prados y generosas colinas en la amplia zona conocida como Maremma.

“Es una nueva civilización, una nueva ciudad conformada por personas que, como lo dijo el padre fundador, don Zeno, están basadas en el evangelio. Aquí se unen todos tus aspectos: tu religión, tu profesión, tu educación y el trabajo”, añadió, en entrevista con el Vatican Insider.

El camino que llevó a Valdez a cambiar de vida fue largo. En 1996, gracias a la invitación de un maestro de la Universidad del Valle de México, viajó a Italia para conocer la comunidad cuyo nombre en griego significa “ley de la fraternidad”. En mayo de aquel año asistió al matrimonio entre dos de sus habitantes y quedó impactado por la existencia de este grupo de personas dispuestas a sacrificar todos los lujos de la vida moderna por una convivencia donde la solidaridad ocupa un papel central.

Tras aquella primera experiencia, decidió volver a menudo hasta que conoció a Mónica, con quien se puso de novio y después se casó. Pero en lugar de permanecer en Nomadelfia, la incipiente familia se trasladó a Ciudad de México. No obstante, volvían a menudo hasta que finalmente, tras 18 años de lidiar con la gran urbe, en 2016 decidieron dar el paso y mudarse a la comunidad.

“La Ciudad de México está en situaciones muy difíciles como algunos lugares de Europa o Estados Unidos, donde nos tenemos que estar cuidando los unos de los otros, con nuestros amigos, nuestros vecinos y hasta la propia familia. Estamos muy metidos en el materialismo, la sociedad nos está llevando a hacer las cosas como dicen quienes tienen control sobre la publicidad y aunque no estás tanto de acuerdo con ellos, igual consumes. Pero llega un punto en que necesitas una estabilidad emocional, espiritual, de paz, económica, todo para llegar a tomar decisiones realmente libre”, señaló.

Aunque reconoció haberse “cansado” hace mucho tiempo del ritmo de la capital mexicana, aclaró que la decisión de mudarse a Nomadelfia no dependió solo de un deseo de huir del caos, porque existen otros lugares en el mundo a los cuales podía ir.

“Es una decisión de vida, definitivamente es una decisión de vida y estar dispuesto a participar como si tu estuvieras con tu familia, porque son 305 personas pero tu estás en grupo con cinco familias que, al final, son más tu familia que tu propia familia”, apuntó.

De hecho, Valdez forma parte del grupo “Diaccialone”, un pequeño asentamiento de casitas que albergan a cinco diversas familias para un total de 25 personas. En total, en toda la comunidad existen otras 10 formaciones similares. Allí, cada familia cuenta con una casa propia pero compuesta sólo por las habitaciones ya que la zona común se ubica en un edificio más grande donde se encuentran la cocina, el comedor, la sala cultural y espacios compartidos.

Las familias comparten las comidas, momentos de ocio y convivencia. Los hijos asisten a una escuela interna. Cada uno tiene un trabajo, pero no es retribuido económicamente por él. Y cuando tienen necesidad de ropa o enceres, asisten a una especial tienda donde nada se paga. Fundada en 1931 por Zeno Saltini, originalmente la comunidad tenía como misión acoger a niños abandonados al interno de familias “de vocación”. El trabajo de este vivaz sacerdote italiano, lo llevó rápidamente a constituir un grupo comunitario dinámico.

En 1948 se constituyó formalmente Nomadelfia y, un año después, sus miembros se trasladaron los campos donde actualmente están ubicados. En 1989, ocho años después de la muerte de don Zeno, Juan Pablo II visitó su obra y este 10 de mayo, Francisco será el segundo Papa en hacerlo. No todos pueden entrar a la comunidad, para ser aceptados deben atravesar un largo itinerario. Porque esta vida parece no ser para todos.

“¿Qué buscamos? Ser personas que aportan, tener tranquilidad, tener paz. Yo se que es muy difícil encontrar esto en la actualidad, pero también pienso que es muy real que existen lugares donde se puede hallar”, siguió Valdez. Aclaró que nadie está obligado a permanecer y puede dejar la comunidad cuando quiera. Incluso puede regresar, si lo desea. Todos los jóvenes, a los 18 años, salen para estudiar la universidad y, tras vivir esa experiencia, deciden si volver o no.

“No es que sea un mundo feliz, el mundo feliz lo creamos nosotros con los demás y los demás con nosotros, somos como todos y cada quien tiene un carácter, lo importante es saber vivir con todas las personas”, precisó.

A los “nomadelfios”, como los conocen coloquialmente, los han llegado a comparar con los cuáqueros o con “hippies católicos”; porque viven de la agricultura, del vino y el queso, de la carne y las verduras que producen. José Juan Valdez explicó que, si bien la vida en Nomadelfia constituye en si misma una especie de crítica al capitalismo salvaje actual, la comunidad también busca mantener los aspectos positivos del sistema porque “a fuerza existe una dependencia del exterior”.

“Te pueden decir que perteneces a una secta o a un grupo de fanáticos, pero para poder saber precisamente cómo funciona aquí y cómo te sientes, debes venir a conocer un poco. Por vivir aquí no se renuncia a algo, tu estás cambiando a una manera de vida diferente, es como llegar a una casa nueva, será distinta a la anterior y le faltarán cosas, pero si no era tan importante no te pasa nada”, ponderó.