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También responsable de la Pontificia Academia para las Ciencias Sociales, el 8 de septiembre alcanzó la edad de jubilación obligatoria de los obispos. Fue entonces que, como marcan las normas eclesiásticas, entregó su carta de dimisión. Recibió respuesta un mes después, con otra misiva firmada por el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin.

La ratificación resulta significativa, tomando en cuenta que desde algún sector de la Curia Romana se habías alzado críticas ante el creciente dinamismo interno y externo mostrado por la Academia.

Sánchez Sorondo es sacerdote de la Arquidiócesis de Buenos Aires, pero nunca estuvo efectivamente como subordinado de Jorge Mario Bergoglio. En 1998, el mismo año que el hoy Papa llegó a guiar a la Iglesia en la capital argentina, fue nombrado canciller de las academias vaticanas por el Papa Juan Pablo II.

Ordenado sacerdote el 7 de diciembre de 1968 por el cardenal Antonio Caggiano, buena parte de su vida eclesiástica la pasó en Italia. Graduado en Teología por la Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino en 1974 y en Filosofía por la Universidad de Perugia en 1976. Ha sido profesor en la Pontificia Universidad Lateranense y en la Libera Università Maria SS. Assunta (LUMSA).

Con la elección del Papa argentino en 2013, la Casina Pío IV, sede histórica de las academias en el corazón del Vaticano, se convirtió en un potente catalizador para las iniciativas más cercanas al deseo de Francisco.

Entre otras cosas, el mismo pontífice le pidió a Sánchez Sorondo que acompañase el nacimiento de la fundación “Scholas Occurrentes” (Escuelas para el encuentro), esa entidad cuya misión es promover el desarrollo de los jóvenes a través del arte, la tecnología y el deporte. Así, la Casina albergó el lanzamiento de esta iniciativa el 13 de agosto de 2013, con la presencia de los futbolistas Lionel Messi (Argentina) y Gianluigi Buffon (Italia). Un día después, las selecciones de ambos países disputaron un partido amistoso en el Estadio Olímpico de Roma. Aquel fue el antecedente de los posteriores Partidos Interreligiosos por la Paz.

En la Academia se han realizado diversas ediciones de los congresos mundiales de Scholas, además de incluir al canciller en el directorio de la fundación junto con los referentes José María del Corral y Enrique Palmeyro.

Luego vinieron otras iniciativas. El Papa pidió a los miembros de la academia profundizar en la reflexión para el combate a la trata de personas y otras manifestaciones de las llamadas “nuevas formas de esclavitud”. Así, en los últimos años se han multiplicado las reuniones de diversas categorías: Jóvenes, políticos, intendentes de las principales ciudades del mundo, líderes religiosos y otros exponentes.

El interés se ha extendido a otros campos como la lucha contra la corrupción o el tráfico de personas. Además de tener un rol decisivo en la propagación del pensamiento del Papa Francisco en materia de protección al medio ambiente con diversas actividades relacionadas con la encíclica “Laudato Si” sobre el cuidado del ambiente. En febrero pasado, la Academia convocó a expertos de todo el mundo en un encuentro que llevó por título: “El derecho humano al agua”, junto a la Cátedra del Diálogo y la Cultura del Encuentro.

Una de las citas más significativas que la Academia para las Ciencias Sociales acogió en los últimos años fue la cumbre internacional de jueces y magistrados contra el tráfico de personas y el crimen organizado, en junio de 2016. La ocasión reunió a una representación destacada del mundo jurídico internacional. Al clausurar el acto, el propio Papa hizo una cronología de las diversas conferencias y congresos que esa institución promovió en los últimos años. Y dejó en claro qué quiere él para esa entidad de la Santa Sede.

Entonces resumió: “Alguno puede pensar que la Academia debe moverse más bien en un ámbito de ciencias puras, de consideraciones más teóricas. Esto responde ciertamente a una concepción ilustrada de lo que debe ser una Academia. Una Academia ha de tener raíces, y raíces en lo concreto, porque sino corre el riesgo de fomentar una reflexión líquida que se vaporiza y no llega a nada. Este divorcio entre la idea y la realidad es evidentemente un fenómeno cultural pasado, más bien de la Ilustración, pero que todavía tiene su incidencia”.